En días como hoy en los que todo me ha ido de pena y me siento como una astronauta a la que se le ha roto el cable que la unía a su nave (he tenido esta pesadilla muchas veces y se pasa fatal...), hecho de menos el flamenco.Y es que este año decidí dejar mis clases de flamenco porque todo no podía ser. Las clases eran carísimas y siempre venía gente nueva al grupo por lo que acabábamos siempre repitiendo lo mismo una y otra vez y no se avanzaba. Así que decidí seguir con el Pilates y mis dos clases de danza oriental y punto pelota. Pero lo echo de menos... :( Y es que no sabéis lo bien que se queda una después de una sesión de zapateao! Descargas tensiones que da gusto! Porque además el flamenco saca de una su lado más pasional, te da seguridad, lo has de bailar con una actitud de “aquí estoy yo, más chula que nadie”, y estoy notando que me hace faltita una ración de esas, la verdad.
Así que voy a buscar algún otro sitio que sea más económico, a ver si puedo volver a ponerme mis zapatitos con las suelas llenas de clavos que suenan tan bien y “arriquitaun”, jeje!
Os dejo una actuación que vi el otro día en el programa “Tú sí que vales”:














